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Isabel Barcía Márquez

POESÍAS

 

Isabel no supo vivir, su alma le estallo en pedazos una mañana en la que nos dejo, cuando ya no pudo sufrir mas.

Me dejo estas atormentadas poesías, que yo he creído que merecía la pena poner aquí.

I   - EBIÚLSEEM:  “ENFERMEDAD INFERNAL”
II  - HABLANDO CON MI ESPEJO                     
III - CANCIÓN                                                     
IV- EL TIEMPO PASA                                         

I- EBIÚLSEEM:  “ENFERMEDAD INFERNAL”

El desconsuelo: Parc de la Ciudadella (Barcelona)

I

Jamás mis ojos sonreirán,

nunca mis labios besarán,

ni mi pasión dejaré liberar.

En ninguna hora mi amor la luz verá.

 

No volveré a amar:

huyo de la consecuente penitencia

que ha provocado la evidencia

de sentir la correspondencia a mí tan ajena.

 

La penitencia de amor es castigo,

que almacena negra soledad

y crea la consiguiente locura que acabará conmigo,

 

Jamás amaré claramente;

dejaré que el tiempo con arrugas me adorne

y sola esperaré hasta la muerte.

 

 

II

No puedo decirte nada;

ya se está cerrando la compuerta,

la que me ahoga, la que me deja muerta.

Y me deja muerta para tí.

Porque yo recuerdo y siento,

y lloro con mi mirada.

Es esa espesa lágrima negra,

esa que baña mi alma,

es esa la que no me deja salir hacia tí.

Hacia tí yo quisiera nadar,

pero el peso del agua de mi lágrima

cae sobre mí ser, por encima de mí está.

Me aplasta, me insulta, me impide subir.

Ayúdame, o desearé morir...

 

 

III

¿Qué te pasa, corazón mío?

Te estás quejando en cada latido.

Estás aprisionado en un serio lío;

me estás acribillando con tu fuerte quejido,

y me haces sentir lo sólo que estás.

Y quiero detenerte, para abrasarme en el olvido;

Para enterrar mi cuerpo en el vacío.

¡Qué vulnerable eres, corazón mío!

¡Qué abandonado estás cuando te han herido!

 

 

IV

Me asfixio.

Me ahogo en esta pesadilla,

inspirada en la cruel realidad,

angustiosa de tanta ansiedad.

Estoy sudando pudor.

Mi mente almacena negligencia,

mi conciencia exhala temor.

Inquina: deja de besarme.

Fracaso: deja de mirarme.

Me persigue la decadencia

que soplará la boca del destino,

tragedia inminente en el camino,

trasladado del trayecto elegido.

Me arrastro por el desierto de la inercia,

dónde las virtudes se erosionan.

Aquí tendré que morir,

para volver a nacer con paciencia.

Mi esfuerzo pide auxilio

desde su ausencia, para asistir.

Yo quisiera saber sin aprender.

 

 

V

En tí hay un huracán

que arrastra lo que quieras,

y yo me ví envuelta en él

cuando me abanicaba a ciegas.

Y conseguías soplar frescor.

Pero ese frescor era tan helado

que apenas yo podía sentir su olor.

Yo quería sentir el verdadero olor

del perfume que tú escondías.

Y a pesar de no dármelo

con tu huracán me retenías.

Tu huracán está hecho de simpatía,

nada en la inteligencia,

y su eje es la fuerza y la valentía.

Pero cuando entré en él

ví un botón de egoísmo,

cosido por el hilo de la ambición,

que enfermaba en hipocresía.

El hilo sigue ahí,

pero en una parte ha sanado,

y bien lo has demostrado

preocupándote por mí.

Estoy empezando a querer

a esa rama que encierra nuestra amistad,

y sólo podrá florecer

si la riegas con amor de verdad.

 

 

VI

Cuando el viento hace sordos mis oídos,

cuando mis labios se han encontrado

y mis ojos se han arropado,

aún respiro tu ausencia

presente en mí.

Cuando tu música se esconde en el polvo,

y tu cuadro se pinta de la noche,

aún tu retrato baila sobre mí.

Cuando el cielo penetra en la tierra

y en su silencio ama la piedra,

pase lo que pase

me tienes en tí.

 

 

VII

Tú siempre flotarás en el viento

que pasea por mi árido desierto.

Y aunque otro amor lloviera alguna vez,

y mi arena se enterrara en un mar,

en una roca del fondo yo te vería

como plata dibujada en coral.

Y así tu recuerdo iluminaría

las olas que confundidas caminarían

buscando una respuesta en la orilla.

Mi mar se inundaría de luz,

la que brotaría de tu brillo plateado,

la que resplandecería en pigmento azul.

Por rojo manchado tu luz giraría intermitida,

hasta que los interrogantes vestidos de agua

murieran en la gloriosa orilla,

y clandestinamente con ellos se fuera mi vida.

 

 

VIII

Alguien cree estar encerrado

entre dos altos árboles enjoyados

cuyos collares verdes enredados

iluminan el viento derramado.

 

Dos largos cipreses como testigos

y entre ellos como trono la blanca cruz.

Alguien quiere deshacerse de su castigo

y pide inundar su alma de luz.

 

Bajo la cruz, cortada montaña.

El silencio escucha y la noche mira.

Alguien asoma hacia el oscuro fondo;

una lágrima brota y se suicida.

 

Un adiós a su cruz de mármol.

Un adiós a su guarida nocturna.

Alguien: abandona su vida taciturna

volando hacia el abismo eterno.

 

 

IX

Lo lograron:

Sus ojos me miraron y me ahogué.

Caí entre dos abismos cristalinos

con pestañas que eran arcos

lanzadores del amor en que me clavé.

El tiempo lo vio:

su ceño se fue frunciendo

mientras mis palabras dormían

y mi alma se iba derritiendo

en el horno de la agonía.

Se lo llevaron:

sus piernas le alejaron de mí

por rencor a mi silencio y pena.

Al despedirse le oí decir:

—Volveré cuando te desentierres

de esa maldita arena.

 

 

X

Tus ojos sostienen pupilas que son dos lagunas

de mansa agua negra hirviendo

dentro de dos inmensas hojas de marfil.

Incitan a escapar de la sonrisa de estrellas ardientes

y del verde esplendor de bosque floreciente.

Mientras, tus labios, de sangre bordados,

insinúan a mi lengua que se acerque

y compruebe el sabor de haberse deslizado

por la boca de un imán tan fuerte.

Tienes imán, de pasión embriagado.

 

 

XI

Tan pequeña soy

como grande es la espera.

Tan áspero el camino en que voy

como resbaladiza su escalera.

 

 

XII

En mi estómago larvas espinosas

que muerden vida y crean mareo.

Madres de sensaciones calurosas.

Liberarme de ellas es mero deseo.

—¿Por qué tan cruelmente vinisteis a mí,

criaturas acribilladoras?

Sólo dais ansiedades, odio y esplín.

¿Qué comiera yo para mereceros?

—Nosotras somos las molestias del dolor.

Solamente existimos para advertir

que se necesita lucha y amor,

si noblemente se pretende vivir.

Querido espíritu: estás enfermo;

de mucho dulce te alimentaste,

pero de amargo poco probaste.

Ora agotado está lo sabroso,

ora tu estómago sufre hambre.

Un dictamen: no seas goloso

que el exceso acerca calambre.

 

 

XIII

Me pregunto el por qué del adiós de tu mirada.

Déjame sentir tu estar aquí

y no resbales tu cuerpo de mis lugares,

empañando el cristal que me separa de tí.

 

Me pregunto el por qué de tu voz que yo oigo,

si la enlazas a oídos que no son míos.

Déjame responderte con briznas de cielos,

pero antes desátame de tus silencios fríos.

 

Déjame matar tu haberme dejado.

Déjame beber una gota de tu alma lejana.

Déjame llegar a la fuente de tu amor guardado

para mojar y curar mi sequía vana.

 

 

XIV

Tu paciencia me esperaba

cuando yo vomitaba gemidos

que desps gemí de rugidos,

asesinos del amor que custodiabas.

 

¿Cómo has podido amarme sin olerme

y aborrecerme al saberme?

 

Tus ojos me lo han dicho.

Tu polen ya no me impregna.

Para tus ojos soy aquel bicho

aburrido y débil que enferma.

 

Mil deseos y planes se fundieron,

Madre De Las Flores, fingiste olvidarlos.

Dime la verdad, dime dónde fueron.

Sé que los tienes tú y no puedo tocarlos.

 

Soy digna de tu desamor,

cómo del mismo de cualquiera.

Pero te prometo por mi honor

que arrancaré fuerzas, todas las que pueda

para luchar contra mi ser

y merecer el afecto de quien fuera.

 

Madre, de las flores madre:

desde las humildes palabras

que brotan de mí herida grave y

te ruegan que me esperes,

 

Madre, de las flores madre:

desde la nostalgia de tu aprecio

que sonreía para darme vida

durante un ilustre milenio,

 

Madre, de las flores madre:

desde las lagrimas salpicantes

que agujerean mi calma,

te pido que me perdones,

dejando que te siga amando

esta pobre y enferma alma.

 

 

XV

Compañero de mi compañero:

enséñele sin palabras cómo le espero.

gale que yo espero

a que el orgullo dominante

se evapore por amor

a la amistad de antes.

Pregúntele, compañero,

si se cansó ya

del afecto de su hermana.

Si él le responde que hermana no es,

mi voluntad habrá sido tan vana

que algo ardiendo se congelará.

Sepa usted, compañero,

que movimiento no existirá,

y la paz se aferrará

al olvido intencionado.

¿Quiere usted saber qué es

lo que yo quiero, compañero?

Que la bella rosa sea mayor

que las espinas de los errores.

Y los errores no se claven

en la crueldad de los rencores.

¿Me comprende usted, compañero?

¿Le querrá usted enseñar,

compañero de mi compañero,

lo que sabe: sin “hablar”?

 

 

XVI

Vacío es sonrisa que miente

idea que no existe

y amor que no se siente.

 

 

XVII

No. Son muertos de colores;

no les mires.

No. No dejes que te hipnoticen

con sus sonrisas de mil amores:

son rumores de tus andares.

No. No les plantes en gozo

con la utopía de tus cantares.

Canta tú, niño de cuna,

cuando sus mentes que hacen una

no te oigan desafinar.

No. No eres tú quien desafina:

desafina su escuchar.

Crece tú, niño de cuna

y convierte tu cantar

de nube extenuante en lluvia,

que baña lo que se ha de bañar.

No. Déjalos que sigan muriendo

en su muerte de color;

no intentes que nazcan en tu cuna,

pero haz de ella una cama

que reine sobre sus actuales tumbas,

 

 

XVIII

Agua enjaulada nació en una piedra,

estallido de burbuja que ardió su interior,

para descascarar la roca y lanzar la tensión

de piedra retorcida en otras piedras.

 

Llorando mediante danza encantadora

que baile sobre las rojas la piedra negra.

Que ostente que posee agua soñadora

que viaja sin moverse de su tierra.

 

Ojalá estalle en gestos vibrantes

que dancen hasta que muera la presión estante.

Si tiembla la piedra de fiebre en escalofrío

sabré que baila trasladándose

buscando una muerte en la vida del vacío.

 

 

XIX

Soñar es una vida

por la realidad interrumpida.

 

 

XX

Sí yo tuviese el secreto

del sabio aprender...

Si yo aprendiese a aprender...

de vuestro dolor exprimiría

cálido y melodioso placer,

con belleza de arte

con amor de bondad

con olas de la verdad.

Si me cayese la clave

del sabio aprender...

desplumaría la mentira

y uniría las banderas;

nevaría la justicia

en tierras enteras.

Si yo os convenciera

de la cura de la pureza

de la pura naturaleza,

habría aprendido a bien aprender.

II- HABLANDO CON MI ESPEJO - 28 de octubre de 1989

 

 

 

Hermosa mañana acompaña tu soledad.

Estás esperando a que el tiempo pase.

Aún muchas cosas en que pensar.

Mentes egoístas crecen sin piedad.

No esperes de ellas un solo favor,

pero vigila siempre a tu alrededor.

*** 

Y ¿tú qué puedes hacer?

Un pez no puede cambiar,

la corriente de un río.

—“Nadie intenta creer

lo que intento decir cuando no sonrío”.

*** 

Mentes pudientes destruyen para triunfar

Sube tus párpados, te van a hallar

No critiques, no discutas

Limítate a observar

No imites a esta sociedad de masa.

Hazlo por fuera; pero en tu interior...

Conserva tu ser...

conserva tu ser...

*** 

Mira ahora lo que te pasó

por no cerrar con llaves tu cajón de ideas.

El hospital mental es tu hogar;

tu mejor amigo: el espejo,

el que de tu madre heredaste,

la cual no verás jamás...

***

No necesitan espejos para ver

los pasos de su danza lanitresca.

Allí en el cielo sobre la meseta

sus sombras chocantes muestran

trayectorias de rogizas siluetas.

 ***

Serpientes en brazaletes de oro;

largos cabellos agrumados como lenguas

y gritos de risa en cantos sin coro

de algunos cuerpos ardientes de mal.

***

Tierra polvo y calor nada más

en el suelo redondo sin relieve,

bordeado de espigadas velas

que cierra el paso como rejas.

Las lumbres, con su guerra y la noche se repelen.

Nubes unidas como escudo del cielo se renueven;

protegiéndolo de una victoria de Lucifer.

*** 

Una dulce niña.

Ha pagado su inocencia

sepultada en la noche del culto;

enterrada en violencia,

obediencia al nuevo dueño de conciencias

que ignoran el precio de sus placeres...

*** 

Sólo cuando ni sabes

que no te sientes,

es cuando más estás;

eres más.

***

No importa como te llames

ni si tu adorno hermosea.

Todos te amamos,

aunque sea sin escucharte;

o empujándote desde alturas estelares:

Sólo para que veas

que siempre hay un suelo,

desde que tú lo crees

hasta que no lo creas.

 ***

Te amo, voluntad,

más que a nada en esta vida,

porque sin tus peldaños

nada ni menos me ampararía.

 ***

Flauta,

eres una criatura viviente,

cómo yo,

que sólo cantas cuando estás en aire:

por eso vives.

Eres como un ciprés,

tan quieto y tan escuchante;

tan alta y tan hechizante,

que arrancas, pasos de mi alma

para hacerla tuya

y susurrarle.

Así pagamos al aire.

 ***

Una mirada transparente

cruzó mi angustia

y la descosió

en momentos de mi olvido.

En esos momentos me olvidé de que vivía.

 ***

¿Me oyes?

Pues aún, he de chillar más,

para poder envolver el silencio

que aún envenena mis gritos...

*** 

Oh, perdona:

ahora que, después de tanto oír...

ya tus oídos, han muerto

me he dado cuenta de que

un egoísmo es el lamento.

*** 

Oh, negro mal;

uuuh...

¡Que me haces amar!

Que sufro para después

soñar y gozar.

 ***

¿Qué me duele?

¿Me duele lo que me duele,

o el no saber cómo curarlo?

 ***

Voces,

hilos de amor que liberan

instantes desde el alma.

Voces,

faldas de vuelo que cuelgan del cielo,

que despiertan lo que mis sentimientos palpan;

girando, saltando, sacudiendo, rociando en el aire

vientos o calmas.

Espíritus humanos en voces,

y voces en guitarras, madres

de caricias, gemidos, alaridos y gritos atroces.

Instrumentos,

trenes a paraísos o infiernos.

Voces,

infinitas faldas de seda sacudientes

al cielo de sus cantores.

*** 

Yo no te lo pedí:

que te enamorases de mí

no lo quise yo.

Yo no te lo pedí;

que vendieras tu alma al amor

a cambio de obsesionante sufrimiento.

Yo no te lo pedí;

que me culparas de eso

con un suicidio a corazón sediento.

 ***

Aquí, junto a mí

las piernas que pisoteando caminan.

Allá, lejos, sus mentes,

que caminando no miran.

*** 

Paco a paco tu sombra

va penetrando en mis sentimientos;

sigilosamente, como un suave

pañuelo de seda que besa mi piel,

atraído por los más dulces vientos.

 ***

Pero, no quiero que tu sombra me manche,

demasiado pronto para volver a sufrir.

Otra sombra, ya alejada, pesa aún sobre mí.

 ***

¿Por qué tanto miedo?

¿Por qué esta huida?

Huida... ¿Qué huida?

La huida del Sol hacia el horizonte

y su regreso en el alba...

Las palabras que huyen de unos labios

y que el eco amedranta...

O, será quizás,

la huida de una espontánea mirada

que anega el lucero de mi interior.

Y de nuevo enciende aquella lúgubre vela apagada.