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NORA CAMPEOL |
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| Narración que nos ilustra como se reescribe la historia según sean los intereses en juego. Este cuento lo ha enviado desde Argentina, Nora Campeol. | ||||||||||
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POR LOS SERVICIOS PRESTADOS
ra el final de un día poco común y particularmente largo en las cercanías del cabo de Trafalgar . Ese 21 de octubre, los harapos de la escuadra inglesa victoriosa ponían proa a la roca de Gibraltar. No había sido la mejor de las jornadas para ninguno de los dos bandos. Las crónicas de la época cuentan que en la armada real, a todos se les mezclaba el orgullo de haber evitado la invasión francesa, con la impensada pérdida de su jefe, a quien un disparo enemigo bien calculado había deslizado rápidamente a las páginas de la historia. Entre los sobrevivientes de la derrotada flota de Napoleón, el panorama no era muy diferente: prisionero en el “Endevour”, una fragata inglesa, el Almirante francés Pierre de Villenueve, meditaba entre los restos desordenados de la batalla. Las palabras que usaría para rendirle cuentas al Emperador no eran muchas: 18 buques hundidos y 15 inutilizados. Por lo visto, todo indicaba que había llevado a sus hombres al desastre pero, a decir verdad, los españoles tampoco habían aportado gran cosa. De todas maneras, creía que había sido un encuentro honesto y frontal.. Envueltos en el rugir crudo de los cañones ambos comandantes, él y Nelson, se habían cruzado miradas salpicadas de rencor y admiración, tan cerca estaban sus navíos.
Cuando ya se calmaban los ecos de la lucha, a bordo del Victory, buque insignia de la flota inglesa, su capitán Thomas Hardy, todavía alterado por los acontecimientos del mediodía, se disponía a escribir.
“Trafalgar, 21 de octubre de 1805. Estimado Teniente William Mansfield, Kingston, Dorchester,
Obtuvimos hoy una gloriosa victoria sobre las fuerzas combinadas que costó a Inglaterra una vida que ningún dinero podría reemplazar...”, corría la pluma frenética, con la caligrafía firme y adornada de la época, alegando pesar.
“Trafalgar se llevará la tragedia histórica de un país que pierde en el Almirante Horatio Nelson al más grande de los hombres de armas. Siempre lamentaré su muerte”. Fogonazos de recuerdos recientes cruzan los pensamientos de Hardy, el olor áspero de la pólvora, el remolino ferroso de gotas de sangre familiares y extrañas.
“ William, nuestros corazones lejos están de festejar, la vista se nubla y el futuro parece incierto. Guardaremos luto por el resto de nuestras vidas”. Las nebulosas vuelven y se disipan, retuercen imágenes, mezclan agonías.
“Lo sepultaremos con todos los honores y todos sus hombres estaremos a su lado para despedirlo”. Roces, chasquidos, lamentos, no puede desprenderse de ellos. Hay luchas cuerpo a cuerpo y otras más sutiles.
ien sabes, mi amigo, los gloriosos momentos que hemos compartido el almirante Nelson y yo: las batallas del Nilo, Nápoles, Sicilia...” , su propio nombre casi ni figuraba, esmerilado por el de su superior. Los halagos se le escurrían de las manos.
“El recuerdo conmovedor de su hidalguía derrumbada me acompañará el resto de mi vida”. Una y otra vez, escenas plagadas de rencor y de lealtades ligeras que brotan desde el fondo de su mente: Nelson, siempre Nelson. La indiferencia de los honores que otros se llevarían, que no habían sido nunca para él, valiente capitán en las sombras, siempre para Nelson.
“No permitiré a inglés alguno traicionar la memoria del hombre que, aún muerto, guiará a nuestras tropas...”. El encuentro breve con Jean Tressot, en las sombras húmedas de Liverpool, el destello suave del arma nueva y de los viejos oros, ¡cómo relucían aquella noche!
“No puedo olvidar que parecía resurgir de la muerte a dentelladas en cada contienda.”. Deshilachadas imágenes insisten en volver del pasado. Ya era suficiente. No podía dejar pasar la oportunidad. Allí estaba el almirante, dando órdenes con su único brazo desde el alcázar de la nave, de su nave, de la nave de Thomas Hardy.
En la vorágine desprolija de la batalla, un disparo en la dirección debidamente incorrecta había pasado inadvertido. No fue diferente de los otros sonidos que acompañaron los acontecimientos de ese día . La cubierta del Victory recibió el cuerpo inerte..
“Mi amigo, me cuesta discernir claramente, mi mente todavía se recuesta en los turbios remolinos de Trafalgar: enemigos visibles e invisibles, leales y traidores, el peor de los combates.”
Respiró profundamente, levantó la vista hacia su pistolón apenas francés, que todavía rezumaba aires de lucha y leyó : “Pour prochains services”.
La conciencia de Hardy sabía que la historia tendría una versión oficial, convenientemente pulida, porque los héroes siempre mueren atravesados por dardos enemigos, y Nelson, quién lo dudaba, iba a ser el más grande de la historia inglesa. Y en cuanto a él... a él quizás lo mencionaran en alguna página impar.
“Tendrás noticias mías. Cuídate. Thomas.”
Nora Campeol |